jueves, 6 de noviembre de 2008

LA IGLESIA PENTECOSTAL


I. INTRODUCCIÓN
El presente informe intenta organizar, describir e interpretar la historia de la Iglesia de Dios del Perú. Este trabajo, por las limitaciones de tiempo y de recursos a las que hemos estado sometido, es un avance de investigación que esperamos profundizar posteriormente.
El trabajo tendrá hasta siete secciones para una mejor comprensión del tema. Ellas contendrán la descripción y análisis de las etapas de desarrollo de la Iglesia de Dios del Perú y de sus principales zonas de asentamiento; la enumeración de aquellos personajes -misioneros, obreros nacionales, líderes y otros- que contribuyeron en las diferentes fases de crecimiento de la obra; la presentación de algunas de las características distintivas de la denominación y, finalmente, las conclusiones a las que llegaremos. Incluiremos también las listas de supervisores y directores educacionales que han dirigido la organización así como algunas estadísticas que nos permitirán analizar las líneas de crecimiento y/o decrecimiento.
Para reunir la información hemos consultado, en este primer avance, a parte de la bibliografía que sobre el pentecostalismo peruano existe así como a algunas historias de la misión en el Perú. Entre las fuentes primarias hemos accedido a los libros de actas de la organización, a algunos documentos oficiales y a revistas y anuarios antiguos. Finalmente, nuestra principal fuente de información han sido los valiosos testimonios grabados de aquellos personajes cuya antigüedad, protagonismo y credibilidad constituyen elementos de incalculable valor para la elaboración de la historia de la denominación y del pentecostalismo en general. Sin embargo, por esta ocasión, nos abstendremos de citar exhaustivamente a nuestras fuentes; sólo lo haremos de una manera general. En el trabajo que publicaremos dentro de poco superaremos esta limitación pues será presentada como una monografía de investigación y no como un informe que es lo que ahora presentamos.
II. ETAPAS DE DESARROLLO
2.1 El período precursor (1945 - 1953)
Hacia 1945, gracias a una información del misionero Arturo Erickson, el entonces Superintendente para América Latina de la Church of God (Cleveland), Vessie D. Hargrave, de paso por Lima en un viaje a la Argentina, se contacta con Hipólito Astete, pastor de las Asambleas de Dios del Perú. Astete hizo conocer a Hargrave su congregación y a los alumnos del Instituto Bíblico de su denominación entre los que se encontraba Carlos Landeo. A este último, Hargrave le encarga el trabajo de distribuir la revista «El Evangelio» en el país.
Dos años después, en 1947, Vessie D. Hargrave regresó al Perú y se contacto con Antonio Gálvez, pastor de la Iglesia Pentecostaldel Perú (conocida como «La Avanzada « y que después tomará el nombre de Iglesia Evangélica Pentecostal Misionera) en Lince. Puesto que esta denominación acababa de formarse el año anterior de una escisión de las Asambleas de Dios (A.D.), el ostracismo que sufrían por parte de las otras denominaciones del país hizo que personas como Gálvez se mostraran interesadas en establecer nexos con una organización mundial como la Iglesia de Dios que buscaba también expandirse. Ese año, Hipólito Astete y Eliseo Muñoz, de las Asambleas de Dios, quedaron como los primeros miembros de la Iglesia de Dios del Perú (IDP) (1).
En su tercer viaje, Hargrave, el año siguiente, recibió a las primeras congregaciones de la IDP. Antonio Gálvez, luego de retirarse con parte de la congregación de Lince de la Iglesia Evangélica Pentecostal Misionera (IEPM), formó la primera iglesia de la IDP en el mismo distrito limeño. Simultáneamente en Huánuco (Chaglla), Roberto Fuster, pastor de unas congregaciones independientes, también se afilió a la IDP. Gálvez quedó como representante de la IDP administrando las entregas de literatura de la denominación y de los subsidios económicos que se enviaban. Sin embargo, la prematura muerte de Fuster hizo que se perdieran todos los contactos con las iglesias huanuqueñas y que Gálvez se queda casi sólo (2). Ante esa situación precaria, la misión americana decide enviar al misionero canadiense Arturo Erickson. Este, desde 1921 había sido miembro de las AD, sin embargo, por desavenencias con algunos líderes de la misión en el Perú, en 1944 se retiró y se unió a la Church of God (Cleveland). Su amplia experiencia misionera en el Perú le facilitó su designación como el primer Supervisor de la Iglesia de Dios del Perú (en formación).
Erickson, tratando de cumplir cabalmente su labor misionera se dedicó a visitar aquellas regiones del país donde habían congregaciones del llamado Norte Chico (Barranca, Pativilca, Supe, Paramonga), dirigidas por el joven obrero Juan Urbano, y que pertenecían a la IEPM, decidieron integrarse a la IDP. Lo mismo ocurrió en Chimbote, donde las congregaciones dirigidas por Ponciano Vigo (Santa, Chimbote, Casma, San Jacinto), también de la IEPM, se afiliaron a la IDP. Las gestiones de Erickson también se extendieron a la sierra ancashina para lo cual se dirigió a Huaraz y conversó con el misionero Howard Cragin quien se había separado de las AD en 1943 y fundado la Iglesia Evangélica Pentecostal Independiente; sin embargo, Cragin no aceptó la invitación. Posteriormente, en 1952, algunas de las congregaciones fundadas por Cragin se afiliaron a la IDP (Chingas, Pomabamba).
Sin embargo, Erickson también promovió el trabajo en zonas ausentes de iglesias evangélicas. Así, juntamente con su cuñado Santiago Silva, fundó las congregaciones en Corpanqui y Gorgorillo (sierra sur de Ancash). En Lima, mientras tanto, gracias al apoyo de algunas jóvenes estudiantes del Instituto Bíblico de las AD, continuó manteniendo la congregación de Lince.
No obstante, la acción más importante de la administración de Erickson fue la fundación y constitución legal de la IDP. Eso ocurrió el 5 de julio de 1952 en el templo de Lince. En el actade constitución, se aprobaron los estatutos de la IDP y se eligió a la primera Junta Directiva oficial (3).
Hacia 1954, ya podemos considerar que el período precursor culmina pues las principales bases para el desarrollo de la IDP ya estaban puestas. En ese año, personajes importantes en el futuro de la denominación, ya entrarán a formar parte del ministerio activo (Juan Urbano, Juan Alzamora, Víctor Alvarez, Luis Ruiz), desplazando progresivamente a aquellos obreros como Antonio Gálvez, Ademar Corcuera y otros, quienes, en muchos casos, retornaron a sus denominaciones de origen.
Como vemos, para abordar el tema de los orígenes de la IDP, podemos considerar dos perspectivas:
a) Externa: A partir de los esfuerzos de la misión de la Church of God (Cleveland - EEUU). Aunque los primeros viajes de Lucy Leatherman (1917) y C.H. Ingram (1940) mostraron cierto interés por establecer obras en el país, es recién con las breves visitas de Vessie D. Hargrave cuando la misión norteamericana logra contactos efectivos con elementos nacionales y puede así establecerse definitivamente. Asi, consideramos que el trabajo de Hargrave es principalmente de enlace y no precisamente fundacional.
b) Interna: Desde el trabajo y ministerio de aquellos primeros grupos nacionales mencionados anteriormente. Estos miembros primigenios, procedentes de las nacientes congregaciones pentecostales del momento (IEPM, AD, iglesia de Cristo, Iglesia Pentecostal Independiente), serán quienes tomarán contacto con la misión norteamericana para formar la base de la Iglesia de Dios del Perú (IDP). Consideramos que el auténtico esfuerzo misionero directo fue realizado por ellos.
Combinando ambas perspectivas, podemos afirmar que la IDP es el resultado de la conjunción de esfuerzos entre la misión norteamericana y los grupos nacionales. Creemos que sería algo injusto atribuir a sólo una persona el mérito de fundar la IDP.
Asimismo, este primer período nos muestra algunas características que la IDP mantendrá en su historia. En primer lugar, el carácter administrativo que tendrá la función de Supervisor en la organización; en general, los misioneros extranjeros que vendrán al país (aunque Erickson sea tal vez una excepción) no serán personas implicadas directamente en la labor misionera como si ocurrió en el caso de las demás denominaciones ligadas a organizaciones extranjeras, sino que, serán principalmente administradores. En segundo lugar, en este período se vislumbra la capacidad de la IDP para atraer a congregaciones y obreros de diversa procedencia a su seno (4) aunque sin la motivación expresa de «arrebatar» miembros a otras denominaciones pues las afiliaciones siempre fueran absolutamente voluntarias; sin embargo, ésto también demuestra la relativa impotencia de la organización para fundar congregaciones por sí misma.
2.2 Formación y consolidación de las bases (1954 - 1967)
El año 1954, llega al Perú el segundo Supervisor de la IDP: C. Eugene French. A pesar de los numerosos esfuerzos de Erickson, la IDP, a la llegada de French, era aún muy pequeña. Inmediatamente después de su arribo, a consecuencia del elevado déficit financiero dejado por la administración anterior, tuvo que recortar el presupuesto para la ayuda de obreros y vender algunas propiedades en San Isidro (Urb. Jardín y Golf Club), distrito residencial de Lima. Esto ocasionó la defección de muchos de los primeros obreros y miembros de la IDP, quienes, mayoritariamente, retornaron a sus iglesias de origen. Así, las congregaciones de Lince tuvo también que cerrar sus puertas y trasladar los pocos miembros que mantenía al grupo que Juan Alzamora dirigía hace poco tiempo en La Victoria (Giribaldi).
No obstante, en 1955, en la ciudad de Pativilca, la IDP organizó su primera Convención Nacional a la que acudieron delegados de las zonas donde la denominación tenía obras: Chimbote, Norte Chico, Lima, Chingas, Chiquián, Cochabamba y Piscobamba. Allí también, atraídos por la literatura de la IDP que circulaba por la región, algunos pastores del Callejón de Huaylas, pertenecientes a la Iglesia de Cristo (denominación salida de las AD en 1936), se presentaron con las intenciones de analizar la posibilidad de afiliarse a la IDP. Entre ellos estaban: Juan Villanca, Francisco Quijano, José Melgarejo, Demetrio León, Víctor Puertas, José Villegas y alguno más. Aunque inicialmente el Supervisor no se mostró interesado en el asunto, finalmente, ante la insistencia del grupo, accedió visitarlos a Yungay el año siguiente; así, luego de explicarles la organización y las enseñanzas de la IDP, las congregaciones de Yungay, el año 1956, se integraron a la denominación.
French también tiene el mérito de haber sido el primero en preocuparse seriamente por la educación teológica en la IDP. Apenas llegado, propuso la creación de escuelas rurales en cada iglesia local. Posteriormente, hizo los primeros esfuerzos para la creación de un instituto bíblico. Ese intento recién se hará realidad bajo la administración siguiente.
El año 1957, asumió la dirección de la obra el primer obrero nacional: Juan Alzamora. Este interesante personaje, inicialmente miembro de la IEPM, se afilió a la IDP en 1950 con las expectativas de alcanzar una de las becas que la misión norteamericana ofrecía para preparar obreros en el Instituto Preparatorio Internacional de Texas (5). Tres años después regresó al Perú luego de haberse casado con una norteamericana y asumió el pastorado en la congregación de Lince que luego se traslado a La Victoria. En 1956 retornó a los EE.UU. y allí, el año siguiente, recibió el nombramiento como Supervisor de la IDP. Consideramos que con el trabajo de Alzamora, se consolidaron definitivamente las bases sobre las que la IDP se desarrollará en el futuro.
El mismo año de su arribo, Alzamora inauguró el Instituto Bíblico de la IDP en el segundo piso de su casa en Lince con un total de 10 alumnos. El año 1958, alquiló una propiedad en Chaclacayo donde estableció las oficinas territoriales de la organización y el Instituto Bíblico (IB). A pesar de las dificultades económicas causadas por la cautela de la misión norteamericanapara darle fondos, pudo solventar sus gastos con el aporte económico nacional. Los primeros estudiantes, ya formados bajo los moldes y la tradición de la IDP, fueron una importante ayuda para el proceso de consolidación de la IDP. Aún así, es interesante notar que entre el alumnado y la plana docente habían personas de otras denominaciones como AD e IEPM.
La labor educacional en este período se vio consolidada cuando en 1963 se adquirió la propiedad en Zapallal (Puente Piedra) para el local del Instituto Bíblico Gamaliel (IBG). A pesar de la amplitud del terreno, es de notar que su ubicación no es la más adecuada por lo alejado y aislado del centro de la ciudad. Esta característica también se presenta en la mayoría de los templos de la denominación ubicados generalmente en zonas aisladas y marginales de las ciudades.
Durante este período también, el proceso de extensión de la obra se vio intensificado. La mayoría de las congregaciones principales que hasta hoy existen, tuvieron su origen en este período. En 1958 los distritos (unidad administrativa que agrupa a varias congregaciones ubicadas en un espacio geográfico común) existentes eran: Lima y Pativilca en el departamento de Lima; Chimbote, Yungay, Huacaybamba, Chingas y Chiquián en el departamento de Ancash. Hacia 1962 se agregaron: Machac, Huari, Huacchis y Pinra en Ancash, y Pucallpa en Ucayali. Igualmente, las principales congregaciones de Lima aparecieron en esos años (San Martín de Porres, Villa María, La Flor, Túpac Amaru, El Ermitaño, Collique y Pamplona, para agregarse a la única existente (La Victoria). Finalmente, también se hicieron algunos contactos con iglesias que deseaban afiliarse a la IDP aunque no lograron concretarse (Huánuco y Chicrín) (6).
A nivel del trabajo con sectores específicos de la iglesia en 1959 se eligió al primer Director Juvenil Territorial (Silvio Vigo). En 1962 se realizó el primer campamento juvenil en el templo de La Victoria con la asistencia de Josué Rubio, dirigente juvenil latinoamericano de la ID. Desde 1965, el departamento juvenil trabajó con un comité juvenil cuyos primeros integrantes fueron: Silvio Vigo, Lorenzo Burga, Juan Fonseca y Alfonso Gómez. Fue la época de la consolidación de las Escuelas Dominicales y de la aparición de las Escuelas Bíblicas de Vacaciones para el trabajo con el sector infantil de la iglesia.
Aunque aún no se organizaba el trabajo con el segmento femenino, es importante verificar el hecho de que en períodos tan tempranos como la década del 50, ya habían mujeres que ejercían responsabilidades pastorales (Isabel de Espinoza en Chaccho, Lila Arce en Machac). Podríamos afirmar que, en general, las mujeres han tenido mayores oportunidades en la IDP frente a la situación de otras denominaciones, aunque el machismo tampoco ha estado ausente (7).
Así, consideramos que el período 1954-1967 fue en el cual la IDP adquirió una identidad propia a partir de la herencia recibida de la misión norteamericana (una combinación de la tradición del movimiento de santidad con la del pentecostalismo) y de las peculiaridades que el movimiento pentecostal ha ido adquiriendo progresivamente en nuestro país. Esto se puede verificar desdeel estilo administrativo y las formas de organización hasta la liturgia y las rígidas exigencias éticas de la denominación, aunque en la actualidad muchas de estas características tienden a modificarse.
El período de Alzamora llegó a su final el año 1967. Luego vendrá toda una etapa de fuerte presencia misionera extranjera. Aunque los conflictos internos no estuvieron ausentes en este período, será en el siguiente cuando aquellos se sentirán con mayor fuerza; y el principal motivo de dichos conflictos estará entre las diferencias entre las perspectivas de trabajo de los misioneros extranjeros y los obreros nacionales, aunque las ambiciones personales también estuvieron presentes.
Entre mayo a diciembre de 1967, un cuerpo de tres, nombrado por la superintendencia continental de la ID, se encargó de la administración de la iglesia. Los que lo formaban eran: Carlos Landeo, Luis Ruiz y Fred Sylvester (norteamericano). Este último estuvo sólo ese año por la impresión negativa que los obreros nacionales tuvieron de él. Un hecho importante en ese año, fue la incorporación de la IDP al seno del Concilio Nacional Evangélico del Perú (CONEP), aunque ya desde antes, la colaboración intereclesial estuvo presente en el trabajo de la organización.
2.3 Conflictos y crecimiento (1968 - 1980)
Luego de que en 1967 había llegado el misionero norteamericano Fred Sylvester, el año siguiente, dos misioneros más: Paul Childers (EEUU) y Roberto Rodríguez (Puerto Rico), vinieron al país para asumir los dos cargos más importantes y mejor remunerados de la organización: Supervisor Nacional y Director Educacional respectivamente. Este período marcará el retorno de los misioneros extranjeros quienes desde la época de French, habían estado ausentes de la organización. Fue una etapa de crecimiento numérico, de construcciones, pero también de conflictos.
En los tres años de la administración de Childers, se edificó la mayor parte de la infraestructura que, incluso hasta hoy, posee la IDP. Se adquirió la casa de la Av. San Felipe que sigue siendo usado como sede de la oficina central de la iglesia y como residencia del Supervisor Nacional. Se construyó gran parte de los ambientes del Instituto Gamaliel; y, finalmente, los templos de congregaciones en Pucallpa, Pativilca, La Victoria, Túpac Amaru, La Flor, Platanal, Llamellín, etc. Es curioso observar que todas estas edificaciones tenían un diseño arquitectónico similar que podría considerarse como el «estilo de la IDP»; un estilo que sigue los modelos que los templos en los EEUU tiene la Iglesia de Dios. La investigación de la arquitectura eclesiástica puede ser muy valiosa para analizar y comprender influencias, estilos y actitudes en las iglesias.
No sólo los modelos arquitectónicos nos dicen algo sobre la ideología que heredó la IDP, sino también la ubicación de los templos y propiedades que la organización adquirió. Así, los templos se ubicaban en zonas rurales o pueblos pequeños, o, de lo contrario, en los suburbios o márgenes de las ciudades. Creemos que el hecho de que la denominación en EEUU haya surgido y crecido entre campesinos blancos (8) y se haya desarrollado entre zonas marginales, influyó decisivamente para que la IDP adquiriera caracteres similares.
A pesar del relativo avance que la iglesia experimentó en el período de Childers (1968-1970), el carácter dominante impositivo de este personaje pronto causó conflictos internos.
Aunque los pretextos para encender las hostilidades del grupo dirigencial de los pastores nacionales contra el Supervisor fueron diversos (manejo financiero, agresiones verbales, clientelaje) detrás de todo estaba la incompatibilidad entre dos formas de pensamiento y trabajo distintos: el misionero que exigía sumisión absoluta y no creía ser responsable ante los nacionales, y los dirigentes del país quienes interpretaban a la rebeldía abierta como un acto de hacer respetar sus derechos. Debemos agregar además que no siempre lo que motivaba a los obreros nacionales era el sentimiento nacionalista, sino que muchas veces, detrás de ese slogan, estaban profundas rivalidades y ambiciones personales.
En 1970, luego de dos años de conflictos menores, el Cuerpo de Consejeros en pleno (Luis Ruiz, Carlos Landeo, Silvio Vigo, Alfonso Gómez y Juan Fonseca) se declaró contrario a la administración Childers. Ante ello, la misión norteamericana emitió un fallo favorable al Supervisor ocasionando que el cuerpo de consejeros y otros obreros mostraran su disconformidad; el Supervisor, por su parte, amenazó con la expulsión de todos ellos. Este fue el momento en el que fue más claro el peligro de la división en la denominación. Finalmente, luego de la intervención del Superintendente para Sudámerica, Alejandro Portugal, el conflicto amainó. En setiembre de ese año, Paul Childers dejó el cargo de Supervisor. Para muchos de los protagonistas y testigos de estos incidentes, fueron hechos que marcaron una tradición de desconfianza y sospecha entre los ministros que se está tratando de erradicar poco a poco.
En la educación teológica, el Instituto Bíblico Gamaliel siguió consolidándose como el único centro de preparación de pastores de la iglesia. Las gestiones de Roberto Rodríguez, Paul Stewart, Luis Martínez y Adolfo Rosín, fueron bastante benéficas para elevar el nivel del instituto. Entre los estudiantes de esa época estuvieron: Leocadio García, Guido Rojas, Alejandro Ramírez, Justa Saavedra, Ilda Ariza, Víctor Pacheco, Máximo Chávez, Rolando Cuéllar y otros más, quienes ahora cumplen responsabilidades importantes en la iglesia (9).
El crecimiento de la iglesia se vio afectado cuando en mayo de 1970, el terremoto afectó a numerosas congregaciones en Ancash. En Yungay, casi toda la membresía murió y los templos fueron destruidos; mientras que en Chingas, Chiquián, Pativilca, Trujillo, Chimbote y el resto del Callejón de Huaylas y el Callejón de Conchucos, las iglesias sufrieron pérdida de templos, casas pastorales y vidas humanas. Sin embargo, fue una ocasión útil para que iglesias hermanas de otros países demostraran solidaridad con la iglesia en el Perú (llegaron ayudas de Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil, EEUU, del Comité de Misiones y de personas particulares).
La administración de Enrique Aldama no vio cambios fundamentales en la organización sino que se dedicó a consolidar el proceso de crecimiento iniciado con Childers y a restablecer la unidad entre los obreros. El progreso en el nivel académico fue evidente, especialmente luego de la llegada de Adolfo Rosín, misionero argentino que dio especial énfasis a ese aspecto mientras estuvo en la dirección del instituto.
En estos años, el aumento del número de congregaciones obligó a fundar nuevos distritos eclesiásticos (Lima Norte y Lima Sur), asimismo se fundaron institutos bíblicos rurales para ofrecer una formación teológica a obreros de zonas rurales con un nivel académico mínimo y a regionalizar el trabajo juvenil. Igualmente, en estos años, se inició un trabajo coordinado con el sector femenino de la iglesia (Departamento de Trabajadores Voluntarias). Las construcciones y la inauguración de nuevos templos continuaron (Supe, Pativilca, Villa María, Gorgorillo, Huacchis, Yungay, Florencia de Mora) así como la incursión en nuevos proyectos como la dirección de un programa radial en Chimbote.
En 1974, luego de tres años de administración, Enrique Aldama salió del país. en ese año, los distritos eclesiásticos eran los siguientes: Lima Sur, Lima Norte, Pativilca (Lima), Chimbote, Yungay, Chingas, Chiquián, Canchabamba, Cochabamba, Carhuaz, Huacchis (Ancash), Trujillo (La Libertad) y Pucallpa (Ucayali). El fuerte de la iglesia seguía estando en el departamento de Ancash.
En setiembre de ese año, llegó el misionero chileno Oswaldo Orellana para asumir la Supervisión Nacional. Sin embargo, su estancia en el cargo fue bastante corta pues, por su nacionalidad, el gobierno peruano, en ese momento en tensas relaciones con Chile, le negó la autorización para permanecer en el país. Algunos testimonios de la época cuentan que Orellana vivía casi como un ilegal en el país. A fines de 1975, tuvo que abandonar el Perú. Los libros de actas no registran ninguna reunión durante ese período.
Vista la difícil situación de la administración de la denominación, en 1976 llegó al país el misionero mexicano Silvestre Pineda. Su gestión representó un período de transición hacia una iglesia más autónoma y con una visión más amplia.
Los últimos años de la década del setenta observaron una renovada ampliación de la membresía de la iglesia. En esos años, un grupo de congregaciones independientes de Cerro de Pasco, bajo la dirección de Pío Campos, Emilio Vidal, Lorenzo Jiménez y otros más, se afilian a la IDP. Un grupo de ellos, entre pastores y jóvenes líderes, ingresaron al Instituto Gamaliel para involucrarse plenamente con la doctrina y tradición de la IDP. En esa misma etapa, una congregación independiente en Huánuco, bajo la dirección de Pepe León, también se afilió a la denominación, ingresando así la IDP a una zona nueva. Siguiendo hacia el oriente, también en Tingo María, algunas congregaciones de la Iglesia Maranatha, se afiliaron a la IDP, aunque en zonas rurales de esa provincia, ésta ya tenía algunas pequeñas congregaciones. Finalmente, en la zona de Trujillo, otracongregación independiente se incorporó a la IDP, enviando a algunos de su integrantes al Instituto Gamaliel (Roberto Suárez, Víctor Macén y otros más). Las iglesias de Cerro de Pasco y Tingo María fueron recibidas bajo la administración Orellana, pero fue bajo el período de Pineda cuando todas nuevas congregaciones se afirmaron en su decisión de permanecer en la IDP.
En el aspecto organizativo, este período también tuvo algunas transformaciones. En la Convención Nacional de 1978, el pleno de los pastores diseñó el plan de reforma de los Estatutos de la organización que una comisión había propuesto. Esos estatutos siguen vigentes hasta hoy. De la misma manera, aunque ya en 1969 se había tratado, se empezó a planificar formas para un plan de seguro y jubilación pastoral. Lamentablemente para los pastores esa ha sido una discusión eterna pero infructuosa en la organización. Finalmente, los diversos departamentos de la IDP reactualizaron sus planes de trabajo a fin de acomodarse a la nueva situación de la iglesia.
Influenciada por las corrientes de iglecrecimiento, la IDP inició un nuevo énfasis en los programas de evangelismo. Se nombró un Comité Nacional de Evangelismo y un evangelista nacional. En 1978, acorde con los planes generales de la Iglesia de Dios a nivel mundial, se acordó duplicar la membresía en el plazo de una década y dar un nuevo énfasis al análisis estadístico. Sin embargo, las estadísticas son bastante desconfiables, pues es casi ya una tradición el hecho de que al terminar la administración de un Supervisor las estadísticas muestren una numerosa membresía que el Supervisor ingresante disminuirá con el justificativo de mostrar una membresía real (10).
En el ámbito educacional, esta etapa puede calificarse como la del apogeo del Instituto Bíblico Gamaliel. En 1980 se registró 48 alumnos internos, la mayor cantidad alcanzada en todos los años de existencia de la institución. Igualmente, en 1978, se inauguró el Instituto Bíblico Berea, programa de educación teológica nocturna. Bajo la dirección de Silvio Vigo y un notable equipo de profesores, la educación teológica y pastoral tuvo un notable avance.
Esta década de crecimiento y conflictos culminó con algo de esto último. Nuevamente, a semejanza de los sucedido en 1970 con Childers, se presentaron fricciones entre el Supervisor y el Cuerpo de Consejeros (Luis Ruiz, Máximo Chávez, Juan Fonseca, Silvio Vigo y Leocadio García). Las críticas del grupo dirigente nacional tenían que ver con la manera como el Supervisor administraba la iglesia, aunque elementos de personalismo y protagonismo no faltaban pues algunas de las acusaciones eran bastante ridículas (11). Finalmente, el impase tendió a superarse hacia 1980.
Como un hecho notable, nos resulta interesante observar que el interés en la historia de la denominación empezó a surgir también en esta época. En 1979, se aprobó una propuesta para elaborar una reseña histórica de la denominación, pero al parecer, como muchos otros acuerdos, sólo quedó en ello: un acuerdo. El interés en revisar el pasado puede interpretarse como un primerpaso hacia la madurez (evidentemente no el único ni el más importante) y hacia la búsqueda de una identidad propia.
2.4 Entre la crisis y la apertura (198 1 -1990)
La década del ochenta en el Perú es recordada como la de la violencia. Fueron años del apogeo del terrorismo y toda su secuela de violencia y terror. Además, fue una década de una profunda crisis económica que evidentemente afectó a la IDP. al igual que otras denominaciones evangélicas, la IDP tuvo que soportar privaciones económicas, persecución en zonas rurales afectadas por el terrorismo, problemas en zonas productoras de coca y otras situaciones más. Ante ello, la iglesia tuvo que pensar seriamente, tal vez por primera vez, en que la misión no se reducía únicamente a la proclamación verbal del Evangelio sino también tenía que ver con la proyección hacia las necesidades integrales de la sociedad.
Por otro lado, también fue un período de apertura pues, tanto a consecuencia de lo anterior, como por la propia maduración de la iglesia, la denominación empezó a incursionar en aspectos y espacios nuevos. Así, por ejemplo, producto del ascenso social de las familias convertidas, los profesionales en la iglesia empezaron a ser cada vez más numerosos. De la misma manera, algunos pastores y líderes empiezan a incursionar con mayor frecuencia en espacios interdenominacionales como la Asociación de Grupos Evangélicos Universitarios del Perú (AGEUP), CONEP, Sociedad Bíblica Peruana, Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL), etc. El contacto fluido con realidades eclesiales distintas fue sin duda provechoso. En 1984, Silvestre Pineda, el último dirigente extranjero que tuvo la IDP, dejó su administración para asumir un nuevo cargo en Venezuela.
Ese mismo año, retornó al Perú, quien fuera Director Educacional entre 1975 - 1980: Silvio Vigo. La gestión de Vigo, que duró hasta 1994, estuvo signada por lo mencionado anteriormente. Hacia 1982 se inició un proyecto para establecer una panadería en el local del Instituto Gamaliel y, aunque sus objetivos eran bastante provechosos para la institución, finalmente, luego de un período de funcionamiento, tuvo que suspenderse por falencias en la administración. De la misma manera a mediados de la década, en varias iglesias se inició el programa de los Centros Estudiantiles, patrocinados por Compassion International, que se dedica a la atención integral (alimentación, reforzamiento escolar, formación moral y espiritual) de niños y adolescentes evangélicos y no evangélicos. Aparte de esto, en otras iglesias, de manera autónoma, se iniciaron diversos programas (comedores, creación de fuentes de trabajo) para hacer frente a la carencia y crisis económica.
En el aspecto educacional, la década del ochenta presenció la consolidación del Instituto Gamaliel como centro principal de formación de pastores de la iglesia. Los que dirigieron este centro en estos años fueron: Leocadio García (1981 - 1983), Máximo Chávez (1984 - 1987) y Juan Fonseca (1988 - 1989). Las generaciones más recientes de pastores fueron formadas en esta década. Igualmente, el Instituto Nocturno Berea continuó funcionando. En 1986 se inició un programa de Instituto Bíblicopor Extensión a fin de alcanzar a aquellos obreros imposibilitados de trasladarse a la capital. Finalmente, en 1988, empezaron a realizarse los Seminarios Pastorales de Verano que hasta ahora prosiguen.
En esta etapa, la iglesia se consolidó en aquellas zonas donde ya tenían presencia: Lima, Barranca, Pativilca, Chimbote, Trujillo, Sierra de Ancash, Cerro de Pasco, Huánuco, Tingo María y Pucallpa. Hacía 1987, se inició una obra en Ica bajo la direción de Néstor Murga; y en Arequipa, se consolidó una obra que se había iniciado a principios de la década. Estos tal vez, fueron las únicas nuevas zonas a donde la IDP incursionó con relativo éxito. En Lima, con la idea de establecer una congregación en una zona céntrica de la ciudad, se adquirió en 1989, un terreno en el distrito de Magdalena para construir allí el templo central de la IDP en Lima. Es un proyecto que aún no se ha cristalizado.
Los trabajos de los Departamentos (Esfuerzo Juvenil, Ministerios Femeniles, Caballeros) continuaron realizándose sin mayores transformaciones, apoyando las iniciativas de trabajo en las congregaciones locales y a nivel distrital.
Hacia 1990, las condiciones en el país empezaron a cambiar. Ese año, la Iglesia Evangélica, tuvo que enfrentarse por primera vez al fenómeno de una participación masiva de sus miembros en la política nacional (12). La IDP no estuvo ajena a ese proceso y participó activamente en él. Esta década crítica terminó así, teniendo, la IDP, que aprender mucho en el el camino de enfrentarse a nuevas situaciones y desafíos.
2.5 Hacia un nuevo milenio: Los nuevos desafíos (1991 - ....)
Como mencionábamos, la década del noventa, para el país y el mundo en general, apareció con nuevas situaciones. El renovado auge del neo-liberalismo político y económico, la crisis de las ideologías tradicionales, el avance tecnológico, la renovación de la religiosidad, etc, marcan esta etapa que vivimos.
En 1991, la IDP realizó uno de los cambios más trascendentales de su historia: la creación de un territorio autónomo en la sierra de Ancash; el lugar donde por mucho tiempo la denominación tuvo su bastión, se convirtió en el Territorio Nor-Andino. Aunque las estadísticas, como dijimos antes, no son muy confiables para determinar el crecimiento o decrecimiento de la iglesia, la creación de una entidad autónoma sí nos muestra que hubo crecimiento, pues la atención centralizada desde Lima, ya no era suficiente para atender las necesidades de todo el país. El primer Supervisor fue Santiago Malpartida (1991 - 1992) y luego Seidel Chávez quien desde 1993 sigue atendiendo en la región hasta hoy.
En el aspecto educativo, la ápoca actual nos muestra una decadencia. El programa internado del Seminario Gamaliel se clausuró en 1993, aunque el trabajo de formación teológica ha continuado a través de Seminarios de Verano, programas de extensión, Módulos de Bachillerato y cursos diversos. Sinembargo, la carencia de un centro permanente para la formación de nuevos pastores, está influyendo para que haya una escasez de obreros disponibles para atender las congregaciones.
La década del noventa presentó a la IDP, al igual que a las otras denominaciones evangélicas en el país, el desafío del movimiento carismático. Su influencia se ha extendido notablemente en la denominación obligando a los sectores dirigenciales a reflexionar seriamente sobre ello. Recientemente, el tema de la identidad pentecostal ha cobrado fuerza en la denominación tanto por el desafío carismático como por el propio proceso de maduración de la iglesia. Es un debate que en el futuro definirá la situación y el nuevo rostro de la IDP.
El crecimiento de la iglesia también se manifiesta en esta década a través del trabajo de los Departamentos. En 1992, la juventud realizó su I Convención Nacional que se ha continuado realizando cada dos años. Igualmente, el sector femenino de la IDP realizó en 1984 su I Convención Nacional. Así, la organización se ve cada vez más inclinada a la descentralización en el trabajo.
En 1984 asumió la Supervisión Nacional Máximo Chávez Nicolás, sucediendo a Silvio Vigo. La IDP, bajo la nueva administración, está tratando de enfrentar los nuevos desafíos de esta década. No toca ya a la historia analizar hechos muy presentes, por lo que nos detendremos aquí a fin de interpretar brevemente lo que hasta ahora hemos presentado en forma narrativa.
A modo de conclusión, diremos que la IDP, teniendo en cuenta que nuestra perspectiva es analizada desde el interior de nuestra denominación, ha sido y es una iglesia pentecostal que siempre ha tratado de adaptarse a las nuevas situaciones que cada época presenta. Y lo ha hecho siempre considerando a la Palabra de Dios como el punto de partida. Mientras nos adaptemos, sin contemporizar con lo que el mundo ofrece, la IDP seguirá adelante proclamando que la santidad y la llenura del Espíritu Santo son las prácticas que la Iglesia está llamada a considerar. Pero también, la IDP debe aprender a mirar su pasado histórico y conocerse a sí misma, sin buscar recuerdos nostálgicos, sino asumiendo sus defectos para evitarlos y retomar sus virtudes para fortalecerlos. Creemos que por allí está nuestra pequeña contribución.
APENDICE I
Lista de Supervisores 1. Arthur Erickson (Canadá) 1949 - 1953 2. C. Eugene French (EUU) 1954 - 1956 3. Juan Alzamora (Perú) 1957 - 1961 4. Juan Urbano (interino) (Perú) 1961 - 1962 5. Juan Alzamora (Perú) 1962 - 1967 6. Paul Childers (EEUU) 1968 - 1970 7. Enrique Aldama (México) 1971 - 1974 8. Oswaldo Orellana (Chile) 1974 - 1975 9. Silvestre Pineda (México) 1976 - 1984 10. Silvio Vigo (Perú) 1984 - 1994 11. Máximo Chávez (Perú) 1994 - ...... Lista de Directores Educacionales 1. Juan Alzamora (Perú) 1957 - 1961 2. Víctor Alvarez (Perú) 1961 - 1962 3. Juan Alzamora (Perú) 1964 - 1966 4. Fred Sylvester (EEUU) 1967 - 1967 5. Roberto Rodríguez (P. Rico) 1968 - 1969 6. Paul Stewart (EEUU) 1970 - 1970 7. Luis Martínez (Chile) 1971 - 1971 8. Adolfo Rosín (Argentina) 1972 - 1973 9. Alfredo De los Santos (Perú) 1974 - 1974 10. Silvio Vigo (Perú 1975 - 1980 11. Leocadio García (Perú) 1981 - 1983 12. Máximo Chávez (Perú) 1984 - 1987 13. Juan Fonseca (Perú) 1988 - 1989 14. Roberto Suárez (Perú) 1990 - 1994 15. Luis Anaiza (interino) (Perú) 1995 - 1995 16. Santiago Malpartida (Perú) 1996 -
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1 comentario:

IGLESIA CASA DE ORACION de S. J. L. Lima Perú dijo...

Me encantaria saber su pueden publicar algun articulo sobre las misiones Suecas de la pentecostal Libre en el Perú.
Gracias